La disciplina ha madurado
27 de junio de 2026 2026-07-12 13:04La disciplina ha madurado
La disciplina
ha madurado.

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La nutrición natural funcional veterinaria ha madurado como disciplina en la última década. Lo que en 2015 exigía buscar formación activamente en Brasil, combinar plataformas online con viajes presenciales y tejer una red docente propia al margen del circuito europeo, hoy forma parte de una oferta acreditada, consolidada y accesible. Ese recorrido no lo hicimos todas. Lo hicieron algunas. Y conviene decirlo con todas las letras, porque el relato que todavía domina en parte del gremio hispanohablante sigue escrito como si la oferta formativa seria no hubiera existido nunca, y eso ya no se sostiene.
Esta pieza parte de una premisa: quienes trabajamos en la nutrición natural funcional veterinaria, cada una desde su disciplina, tenemos una responsabilidad profesional con la historia de este campo. Contarla bien. Reconocer a quienes la impulsaron. Y, al mismo tiempo, distinguir entre el impulso pionero y el marco clínico que de ese impulso se derivó. No son lo mismo.
El punto de inflexión: Pet Fooled, 2016
El movimiento de la alimentación natural para perros y gatos no empezó en 2016. Sus bases modernas se asientan en el trabajo del veterinario australiano Ian Billinghurst, quien acuñó el término BARF (Biologically Appropriate Raw Food) en 1993 con la publicación de Give Your Dog a Bone y consolidó después el marco teórico con The BARF Diet (2001). Billinghurst abrió un campo que hasta entonces estaba prácticamente cerrado en la clínica veterinaria convencional. Lo que vino después, mediáticamente, es otra cosa.
Conviene empezar por un reconocimiento. En 2016 se estrenó Pet Fooled, documental dirigido por Kohl Harrington, con dos veterinarias estadounidenses como voces principales: Karen Shaw Becker y Barbara Royal. El filme denunciaba la opacidad de la industria del pienso, la influencia de las grandes corporaciones en la formación veterinaria y la desinformación sistémica sobre la calidad nutricional de los alimentos procesados. Llegó a Netflix. Millones de tutores lo vieron.
El efecto fue real. Quienes llevábamos años recibiendo en consulta a familias preocupadas por la alimentación de sus animales notamos un cambio: los tutores empezaron a preguntar. A leer etiquetas. A cuestionar recomendaciones que antes aceptaban sin más. Y en el gremio veterinario, el documental abrió una conversación que antes estaba confinada a círculos muy minoritarios. Eso es mérito de Becker, de Royal y del equipo de Harrington. No tiene sentido discutirlo.
La crítica que el documental hace a la formación oficial en nutrición veterinaria también merece reconocimiento. Los vínculos históricos entre las grandes compañías de pienso, las cátedras universitarias y los programas de especialización son documentables. El American College of Veterinary Nutrition (ACVN), órgano certificador de especialistas en nutrición en Estados Unidos, ha recibido financiación de la industria para residencias y publicaciones. En Europa el patrón es similar con el European College of Veterinary Comparative Nutrition (ECVCN). Esto no invalida el trabajo de quienes se han formado en esos programas. Pero sí explica por qué, durante décadas, el discurso oficial de la nutrición veterinaria estuvo alineado con el modelo de alimento procesado.
En ese contexto, Becker y Royal ocuparon un espacio que nadie más ocupaba con tanta visibilidad. Merecen el lugar histórico que tienen. El problema, a mi juicio, no es ese lugar. Es lo que vino después.
Lo que el documental dice y lo que no dice
Un análisis honesto de Pet Fooled requiere distinguir entre la crítica legítima y lo que quedó fuera del documental.
Lo que el documental dice con razón: la industria del pienso tiene conflictos de interés con la academia veterinaria; muchos veterinarios generalistas reciben formación nutricional sesgada por los proveedores de pienso comercial; el marco «alimento procesado como única opción» es reduccionista y merece ser cuestionado.
Lo que el documental no dice, o desliza sin explicitar: que existen alternativas formativas serias fuera del circuito ACVN/ECVCN; que la crítica a la formación oficial no implica que cualquier discurso alternativo sea automáticamente riguroso; que la dicotomía «pienso industrial malo / alimentación natural buena» es tan simplificadora como la dicotomía inversa.
Y aquí aparece el primer punto de fricción con el marco clínico que se popularizó tras el documental. Conviene situar de dónde viene Becker: es veterinaria por la Universidad Estatal de Iowa (1997), con formación previa en biología de fauna silvestre y una trayectoria centrada en medicina de animales exóticos y de zoológico. Es un recorrido respetable, pero no incluye una especialización veterinaria formal en nutrición. Su argumento central para justificar la alimentación natural en perros y gatos se apoya, precisamente, en esa experiencia previa con fauna silvestre: cada especie, dice, tiene una dieta apropiada a su naturaleza biológica. De ahí infiere que los perros, descendientes del lobo, deberían comer dietas cercanas a las de su ancestro.
El salto argumentativo es comprensible como recurso divulgativo. Clínicamente es insuficiente. La domesticación canina, con una antigüedad mínima de quince mil años, produjo adaptaciones genotípicas documentadas. En 2013, un estudio publicado en Nature por Axelsson y colaboradores identificó variantes genéticas específicas en la digestión de almidones que diferencian al perro doméstico del lobo. A esto se suma un segundo nivel de divergencia más reciente y comercialmente dirigido: los últimos dos siglos de cría selectiva intensiva han modificado el fenotipo de las razas actuales, con consecuencias documentadas sobre la tolerancia digestiva, la predisposición a enfermedades metabólicas y la sensibilidad a componentes alimentarios específicos. Extrapolar directamente de fauna silvestre a animales de compañía, sin incorporar estos dos niveles de diferenciación, es una simplificación que hoy ninguna nutricionista con formación actualizada sostendría tal cual.
Eso no convierte a Becker en responsable de todo lo que vino después. Pero sí explica por qué su marco, reproducido sin matices durante una década, empezó a mostrar grietas clínicas que en consulta observamos con regularidad.
La popularización global del marco Becker no se hizo sola. Funcionó en paralelo al crecimiento del cineasta y comunicador canadiense Rodney Habib, fundador de Planet Paws, quien ya contaba con millones de seguidores en redes antes del estreno de Pet Fooled. En 2021 Becker y Habib coescribieron The Forever Dog, libro que llegó al número uno del New York Times y que hoy es el vehículo principal por el que millones de tutores de habla inglesa y española acceden a recomendaciones de nutrición canina natural.
Lo que Pet Fooled omitió: la formación brasileña
Hay un vacío en el relato dominante que conviene nombrar. Cuando se estrenó Pet Fooled, en Brasil ya existía una tradición formativa seria en nutrición natural funcional veterinaria. Diversos institutos veterinarios ofrecían desde principios de los años dos mil programas de especialización, y desde 2007 postgrados Lato Sensu en partnership con universidades acreditadas por el Ministerio de Educación de Brasil. En 2016, el mismo año en que se estrena el documental, el Ministerio de Educación emitió la Portaria 916, que reguló específicamente la certificación de estos postgrados.
Había en Brasil una red de asociaciones profesionales e institutos veterinarios que ofrecía formación técnica avanzada y programas de educación continuada en nutrición natural. Era una infraestructura académica que el relato norteamericano del documental, comprensiblemente, no incluía.
En el mundo hispanohablante europeo, esa oferta brasileña era poco visible. Exigía buscarla activamente, combinar clases online con viajes presenciales, traducir parte del material del portugués, sostener una red docente a distancia. No era imposible. Pero no era cómodo. Quienes decidimos asumirlo en 2015, al fundar Vetbio Medicina Veterinaria Integrativa en Barcelona, sabíamos que nos saltábamos el circuito europeo convencional por convicción clínica. La Dra. Mayra Poitena inició entonces su formación en nutrición natural funcional con instituciones veterinarias brasileñas acreditadas, y no ha dejado de estudiar desde entonces. En 2023 completó un postgrado oficial con aval del Ministerio de Educación de Brasil. Ese mismo aval ministerial respalda hoy al Postgrado en Nutrición Natural Funcional Veterinaria de Vetbio EaD, bajo el registro 196/2024.
Este dato no lo cuento por la trayectoria personal de Mayra. Lo cuento porque demuestra algo: en el mismo momento en que Pet Fooled instalaba la idea de que la formación seria en nutrición natural no existía, la formación seria en nutrición natural existía y estaba accesible para quien decidiera buscarla.
Diez años después, el argumento ya no se sostiene
La cronología importa. De 2016 a 2026 median diez años. En ese decenio, la oferta formativa acreditada en nutrición natural funcional veterinaria no solo ha seguido existiendo: se ha consolidado, ampliado y vuelto progresivamente accesible también para veterinarias del mundo hispanohablante europeo.
Hoy cualquier profesional que quiera formarse con rigor puede hacerlo. La oferta brasileña sigue disponible y es legítima, pero exige manejar portugués técnico y acceder a contenidos clínicos complejos en idioma extranjero, algo que no todo el mundo puede asumir. El Postgrado de Vetbio EaD aplica el mismo aval del Ministerio de Educación de Brasil a un formato diseñado específicamente para el mercado hispanohablante, en español de España, con profesorado clínico activo en Europa y Latinoamérica. Complementarlo con literatura revisada por pares, estancias clínicas y trayectoria formativa documentable es lo que construye criterio real.
Y sin embargo, parte del gremio veterinario hispanohablante sigue operando bajo un marco que ya no se corresponde con la realidad. El argumento «no existen formaciones serias en nutrición natural» todavía circula. Lo usan veterinarias visibles en redes sociales que construyeron su autoridad en la primera ola del movimiento y no actualizaron su posición cuando la disciplina maduró. Lo usan como justificación para presentarse como pioneras autodidactas, diez años después del momento histórico en que esa autodeclaración todavía era defendible.
No es un detalle menor. Cuando una veterinaria con decenas de miles de seguidoras afirma públicamente que no se formó académicamente en nutrición porque «no había formaciones», invisibiliza a quienes sí lo hicieron. Borra el trabajo pionero de las que viajaron, traducimos del portugués, sostuvimos redes docentes internacionales, pagamos postgrados al otro lado del Atlántico, dedicamos años a construir criterio clínico dentro de un sistema académico acreditado. Y, lo que es más grave clínicamente, legitima un modelo en el que la autoridad profesional se construye por visibilidad mediática sin paso verificable por formación formal.
Hay un segundo estadio del mismo fenómeno que conviene nombrar. Son los profesionales que no han estudiado la disciplina de primera mano, pero reciclan material de quienes sí lo hicieron. Toman contenido técnico producido por formaciones serias (apuntes, esquemas clínicos, casos documentados, material didáctico) y lo presentan como propio, en redes sociales y en sus propios cursos, construyendo una autoridad simulada sobre el trabajo intelectual ajeno. No es autodidactismo. Es apropiación sin formación que la respalde: parasitismo disfrazado de autoridad. Y el daño es doble: el profesional que recicla se promociona con un conocimiento que no tiene, y quien lo sigue no sabe que está consumiendo material de tercera mano, ya desconectado del proceso clínico que le dio sentido original. La veterinaria o el veterinario que lee este editorial y ha invertido tiempo, dinero y energía en formarse de forma seria probablemente verá, más pronto que tarde, cómo su propio material circula en redes de profesionales que jamás cursaron esa formación. Conviene saberlo de antemano. Forma parte del coste real de estudiar en un campo que aún está en proceso de maduración dentro del sector veterinario.
El patrón clínico que vemos en consulta
Conviene señalar un síntoma previo del problema. En el mundo hispanohablante, BARF se ha convertido en sinónimo coloquial de nutrición natural. Tutores y veterinarias llegan a consulta pidiendo «dieta BARF» como si fuera la única forma de alimentar con criterio fuera del pienso industrial. Desconocen que existen múltiples aproximaciones dentro del campo: dietas cocinadas, dietas individualizadas según patología, dietas mixtas. BARF es una opción legítima dentro de un abanico. No es el abanico. Que una corriente mediática específica haya ocupado el nombre genérico de toda una disciplina ya es síntoma del problema clínico.
En Vetbio recibimos cada semana animales con dietas caseras diseñadas desde un vídeo viral. Sin anamnesis completa. Sin hipótesis diagnóstica. Sin seguimiento estructurado. Sin ajuste fisiopatológico cuando el protocolo aplicado no funciona.
Observamos pacientes con patologías crónicas no detectadas porque la veterinaria derivante siguió un protocolo natural replicado, sin pararse a pensar qué pasaba con ese animal en concreto. Propuestas nutricionales que niegan el uso estratégico de dietas veterinarias específicas cuando clínicamente serían la mejor opción: insuficiencia renal avanzada con hiperfosfatemia, intolerancias severas sin alternativa casera viable, contextos donde la individualización exige producto clínico y no posicionamiento militante. Tutores que han cortado el vínculo con su veterinaria habitual por adoptar una posición binaria aprendida en redes (pienso malo, natural bueno). Recaídas gestionadas con más natural, sin revisión fisiopatológica.
El daño no se queda en Instagram. Aterriza en consulta. Y los pacientes lo pagan con calidad de vida. Después, muchos tutores vuelven al pienso y no quieren saber nada más de nutrición natural: la experiencia los ha vacunado contra una forma de cuidado que nunca llegaron a conocer de verdad.
Segunda generación
La disciplina ha madurado, y la madurez obliga. Reconocer el impulso pionero de Becker, Royal y el movimiento raw feeding de los años noventa y dos mil no implica reproducir su marco clínico veinte años después como si el campo no hubiera avanzado. La nutrición natural funcional veterinaria actual requiere formación acreditada con aval ministerial; razonamiento fisiopatológico individualizado; proceso clínico completo con anamnesis, hipótesis, intervención, seguimiento y ajuste; casos documentados con evolución real, no testimonios emocionales; coherencia entre lo que se enseña y lo que se ejerce en consulta.
Vetbio EaD no se sitúa como alternativa a la academia tradicional. Se sitúa como la segunda generación clínica de la nutrición natural funcional veterinaria: se sostiene sobre una clínica presencial especializada en nutrición natural activa en Barcelona desde 2015, sobre una trayectoria formativa documentada en instituciones brasileñas acreditadas y sobre un postgrado propio con aval del Ministerio de Educación de Brasil, el primer postgrado oficial en nutrición natural funcional veterinaria del mundo hispanohablante. La individualización fisiopatológica y la integración con otras disciplinas, sin exclusividad ideológica, forman parte del día a día clínico que alimenta la docencia.
Quien se forma con Vetbio EaD no está entrando en un movimiento. Está entrando en una disciplina clínica con rigor académico y trazabilidad formativa verificable. Esa distinción es, para nosotras, el corazón de lo que hacemos.
A modo de cierre
Este editorial no pretende atacar a nadie. Pretende contar con precisión una historia que, contada con imprecisión, perjudica a los veterinarios que hoy se forman en el campo de la nutrición natural. El trabajo pionero de Ian Billinghurst fue necesario. Pet Fooled fue necesario. Becker, Royal y Habib tuvieron un lugar en ese momento. La formación brasileña existía ya entonces y ha seguido existiendo. Y quienes hoy siguen afirmando lo contrario, o no han buscado, o han decidido no encontrar.
La nutrición natural funcional veterinaria es demasiado seria para dejarla en manos de quienes prefieren la comodidad narrativa a la trazabilidad clínica. El conocimiento existe, es verificable y hoy está disponible en formato oficial hispanohablante. Por eso estudiamos. Por eso enseñamos. Por eso Vetbio EaD existe.
Y si has llegado hasta aquí sin ser profesional del sector, como tutor o tutora que solo quería entender mejor cómo se alimenta a su animal y saber distinguir el criterio del ruido, gracias por leer hasta el final. Aprender a preguntar por la formación de quien aconseja sobre la salud de tu perro o tu gato (su aval, su trazabilidad, su clínica real) ya es, en sí mismo, un acto de cuidado.
Y por eso, también, esta última línea es para vosotros. Quienes estáis invirtiendo tiempo, dinero y criterio en formaros seriamente en este campo sois parte de la reforma silenciosa que la profesión necesita. Hay muchos pacientes que se benefician de cada veterinaria que elige rigor en lugar de atajo. Gracias por hacerlo así. Tenéis todo nuestro apoyo, el de Mayra y el mío.
- Pet Fooled (2016). Kohl Harrington, director. Documental disponible en plataformas VOD.
- Web oficial Dra. Karen Becker: drkarenbecker.com. Biografía y formación declarada.
- American College of Veterinary Nutrition (ACVN): acvn.org. Registro público de diplomados.
- Portaria MEC nº 916 del 17 de agosto de 2016. Diário Oficial da União, 18/08/2016.
- Axelsson E., Ratnakumar A., Arendt M.L. et al. (2013). The genomic signature of dog domestication reveals adaptation to a starch-rich diet. Nature, 495(7441), 360-364.